El amigo del “coquero”

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Escrito por  Ana Castillo Muñoz


AMIGO_COQUERO1_Negro como la azabache y buena gente como el Divino Niño. Humilde como el campesino

pero de corazón agigantado. Sus pies sólidos como roca en el mar y su pensamiento inundado de

imaginación virgen.

 

Carismático, simpático, y oriundo de Llorens. Parte del clan de las caras lindas de Maelo.

Su boca carecía de dientes, pero el amor en cada una de sus palabras gastaba el empuje.

 

Hablamos y reímos, nos conocimos y encajamos. Nuestra comunicación se vio

amenazada por una tercera conversación. Esta vez de una amiga del pasado; una gringa.

 

Cicatrizado en el pecho. Cicatriz la cual robó la mirada de su amiga “la gringa”, escoltado

por un interrogatorio policial.

 

“Una operación del corazón.” – respondió.

 

Acto seguido, añadió jocosamente. “Con to’ y eso, sigo siendo un chulo”.

 

Mis labios no se hicieron esperar y regalaron una sonrisa para todos los allí presentes. Abierta

como el sol del amanecer.

 

“¿De dónde eres?”, preguntó.

 

“De Barrio Obrero”, respondí.

 

“Absolutamente”, le contesté.

 

Me habló de sus inquietudes, de su pasión, de su orgullo, su hijo. Su hijo graduado de Ciencias

Políticas y Leyes. Summa cum laude.

 

Todo eso mientras se tomaba una agua e’ coco, caliente. Porque según él, es mejor. Más natural.

Me ofreció, también tengo quenepas.

 

Descalzo, con gorra y pecho lampiño. Un tono parejo. Pantalones cortos y cuchillo en mano. El

cuchillo del trabajador, la frente suda’ como negro fajao’.

 

Un comentario sencillo, le avivo el sentido. Sonrió nuevamente, gracias a los discos rayados de un

hombre que caminaba frente a nosotros. Me contó su acción comunitaria, “el domingo, le cambie la

goma a ese hombre que paso ahí, tiene la espalda chavá”, murmuró.

 

Seguimos. “Que muchacha tan bonita” unas de las cosas que pronunció a viva voz. Ruboricé,

aunque por mi color de piel no se nota mucho.

 

En un abrir y cerrar de ojos, ya no estaba. Se levantó como si nada y me dejo tiesa en el momento.

Alto como un paladín y seguro como un rey. Elevado como un ángel y sensible como una rosa. Así

es mi nuevo amigo.

 

El amigos del vende coco. El amigo del “coquero”.

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Last modified on Saturday, 14 August 2010 21:50

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